Podemos pensar que empezar a comer más sano implica cambiar grandes hábitos, y que, por eso, es un gran paso que implica un gran esfuerzo. Pero la realidad es que hay pequeñas cosas que podemos cambiar en nuestra alimentación que pueden marcar realmente la diferencia en esta, y también en cómo nos sentimos por dentro, y por fuera.

Hoy quiero compartir contigo 5 pequeños hábitos para que puedas notar ese gran cambio sin grandes esfuerzos. Cinco pequeños cambios que puedes hacer en tu vida desde hoy mismo y que te llevarán a sentirte mejor.

1. Beber un vaso de agua al despertarte y otro antes de acostarte. Llegar a beber los famosos dos litros de agua al día, no es tan difícil como podemos creer cuando no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero aunque de esto quiero hablarte más extensamente otro día, hoy quiero animarte a que incluyas en tu rutina diaria estos dos vasos. Este es un paso que no solo te acercará a la meta de 2 litros diarios sino que te hará sentir bien también por otras vías. Beber agua cuando nos despertamos nos ayuda a despejarnos, nos hidrata después de tantas horas sin beber y tiene una especie de “efecto limpieza interior” por las mañanas. Y lo mismo antes de ir a dormir. Nuestro cuerpo agradecerá muchísimo que le hayamos dado ese plus de hidratación para aguantar tantas horas y hacer que nuestro descanso sea mucho mejor.

2. Acompañar todas las comidas y cenas con alguna verdura. Créeme, llegar a conseguir esto es súper fácil. Aunque puede que no tengas ahora la costumbre de hacerlo y se te haga un mundo pensar qué verduras puedes añadir a cada plato, piénsalo: ¿qué cuesta poner una buena ensalada en el centro de la mesa de acompañamiento a cualquier comida?, ¿o en nuestro plato de pasta, arroz, o legumbres elegir una verdura y añadirla?, ¿o acompañar nuestro segundo plato con unos espárragos o unos pimientos en lugar de no añadir nada o añadir unas patatas? Tener siempre verduras frescas en la nevera o alguna verdura envasada tipo espárragos blancos o pimientos del piquillo, te ayudará a conseguir que este hábito forme parte de tu vida casi sin darte cuenta.

3. Llevar siempre un snack saludable encima. Todos sabemos que muchas veces el hambre aparece en momentos en los que no estamos en casa. Si no llevamos nada encima, puede que la ansiedad empiece a hacer su función y acabemos comprándonos cualquier “marranada” en el primer sitio que podamos. Para evitar esto, mi consejo es llevar SIEMPRE encima un snack saludable. Una muy buena opción es preparar una bolsita de frutos secos naturales, o alguna pieza de fruta tipo manzana. Calman el hambre y puedes comerlos en cualquier sitio.

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4. Elegir un buen aliño. Pensar con qué vamos a acompañar nuestras comidas es fundamental. Busca recetas de 3 o 4 aliños saludables que sean tus aliños estrella para ir combinando en tus diferentes platos, y pasa absolutamente de las salsas o de las cantidades exageradas de aceite de oliva para dar sabor a tus platos.

5. Decantarnos por horno, plancha o vapor. Cómo cocinamos es tan importante como qué cocinamos. Si nos quedamos siempre o casi siempre con estas tres alternativas estaremos jugando una apuesta segura.

¿Cómo lo ves? ¿Parece fácil, verdad? Pues te aseguro que lo es. Y, ¿sabes lo bueno? Que con estos pasos ya notarás la diferencia, pero es que hay muchos otros cambios que podemos hacer que son igual de sencillos de incluir en nuestra vida para mejorar nuestra alimentación. ¿Te apetece que hablemos de ellos en otro post? 🙂