El estrés está presente en la vida de cada vez más personas. Nos hemos acoplado sin pensarlo a este ritmo de vida ajetreado y nos hemos sobresaturado de cosas a las que atender. Aunque a veces nos olvidemos de alguna. Cuando los síntomas de estrés aparecen, significa que estamos desatendiendo a la parte más importante de nuestra vida: nosotros mismos.
Eso se convierte en algo un poco alarmante, porque estamos tan acostumbrados a aguantar este ritmo que probablemente muchas veces ni nos enteramos de que estamos sufriendo estrés en primera persona, y hasta que nuestro cuerpo no nos manda señales de alerta enormes en forma de síntomas físicos no bajamos de nuestra nube de ajetreo. El peligro está en que a veces los síntomas son claros, pero hay otras veces que no lo son tanto, y ahí es dónde podemos estar manteniendo esta situación durante semanas, meses o incluso años. Así que hoy quiero hablarte de signos que puedes detectar en ti y que pueden ser una alerta de estrés. Si los detectas, hazte ciertas preguntas, y plantéate si este ritmo de vida te está trayendo algunas consecuencias que no te hacen sentir del todo bien o vivir plenamente tu día a día. Y si es así, será un muy buen momento para hacer algún cambio.
– SENTIR EMOCIONES NEGATIVAS CUANDO “NO TOCA”. Evidentemente, todos podemos y debemos sentir emociones negativas de vez en cuando, y el criterio de cuándo es normal sentirlas y cuándo no, no es un criterio fijo, sino que cada persona siente diferente y eso es del todo respetable. Aún así, todos nos conocemos muy bien, y sabemos cuáles son aquellas situaciones vitales que nos hacer sentir emociones negativas porque realmente somos así, y cuáles no. Cuando sufrimos estrés, es muy común que podamos sentir emociones negativas como tristeza, rabia, irritabilidad… en situaciones que antes no provocaban eso en nosotros. Es decir, que sintamos emociones fuera de lo normal en determinadas circunstancias. Eso el algo que podemos detectar relativamente de forma fácil y que es una pista en mayúsculas de que algo no va del todo bien.
– SENTIR NERVIOS, SEA CUAL SEA EL MOMENTO DEL DÍA. Por norma general, no estamos demasiado acostumbrados a escuchar a nuestro cuerpo. El estrés puede provocarnos diferentes síntomas físicos, entre ellos, provocar en nuestro cuerpo un estado general de ansiedad. Eso podemos detectarlo simplemente parando un momento en diferentes partes de nuestro día, y concentrándonos en nuestro propio cuerpo. Si nos sentimos nerviosos o acelerados mientras estamos en el trayecto a casa en el bus, o mientras estamos cocinando, o incluso mientras estamos descansando en el sofá… debemos tomárnoslo como otra señal de alerta.
– SÍNTOMAS FÍSICOS POCO PROPIOS DE TI. El estrés puede afectar de mil maneras a nuestro cuerpo. Puede desencadenar alergias, problemas digestivos, dolores de cabeza… Evidentemente no significa que si tienes alguno de estos síntomas sufras estrés, pero pueden ser una pista más, que si sumamos a otras, quizá sí que vayan por ese camino.
– FALTA DE MOTIVACIÓN. Esto podemos sentirlo todos en diferentes momentos de nuestra vida, pero si nos sentimos desmotivados de forma general durante un período de tiempo medio-largo, puede que sea porque el estrés nos esté impidiendo disfrutar de todo aquello de lo que disfrutábamos antes.
– DIFICULTAD PARA CONCENTRARTE O SER PRODUCTIVO. Si sientes que últimamente estás más distraído en el trabajo, que se te olvidan algunas cosas del día a día, o que no consigues hacer aquellas tareas que te propones… Despierta tu estado de alerta.
– REALIZAR HÁBITOS NEGATIVOS POCO HABITUALES EN TI. ¿Comes más de lo normal?, ¿has empezado a fumar sin ninguna razón consistente?, ¿duermes mal por las noches? Puede que el estrés esté afectando a tus hábitos de vida.
Como comentaba, todo esto simplemente son señales que pueden ayudarnos a detectar el estrés lo antes posible. Aún así, ninguna de ella es una señal segura que vaya a indicarnos que sufrimos estrés seguro. Cada persona es un mundo, y todos funcionamos de forma diferente, pero no está de más hacer un chequeo rápido en nosotros de vez en cuando, y si atamos cabos, ponernos manos a la obra con algunos cambios en nuestra vida, que nos hagan sentir mejor.